martes, 27 de enero de 2009

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La leyenda de Sissa ben Dari.

¿A quién no le han contado en clase de matemáticas esta historia? Hubo una vez un rey que, profundamente aburrido, ordenó a sus sabios que le proporcionaran algo con lo que entretenerse. Uno de ellos, Sissa ben Dari, inventó el ajedrez, un juego de guerra y estrategia sobre un tablero de 64 casillas, y se lo mostró a su rey. El descubrimiento fue tan apasionante para el monarca que decidió concederle a Sissa lo que pidiera como muestra de agradecimiento. El sabio, muy listo él, simplemente pidió un poco de trigo. ¿Cuánto?, preguntó el rey. Sólo me conformo con lo que dé un grano en la primera casilla del tablero, dos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta y así hasta las 64 casillas. La primera impresión del rey fue de que le pedía poco, pero cuando mandó contar el trigo que le debía al sabio supo que no tendría suficiente ni con todas las cosechas de su reino durante miles de años. Así, el agradecimiento se volvió en ira, y mandó ejecutar a Sissa.

Os cuento esto porque el ajedrez es otra de mis actividades lúdicas preferidas y porque seguro que esta leyenda queda mejor que contaros los distintos tipos de apertura del juego, pues para eso ya existen los manuales y los clubs de ajedrez.

Bueno, también tengo que decir es que posible que practique este juego por ser republicano, por eso de tener la oportunidad de dar mate al rey, y pacifista, porque creo que si tienen que existir las guerras, que sean sobre un tablero de 64 casillas, nada más.
Aprovecho para saludar a mi maestro y contrincante Paco, un genio del ajedrez y con el que paso muy buenos momentos, especialmente cuando tiene algún desliz con el que me permite ganar.

Para terminar, una cita de Omar Khayyán:
"He aquí la única verdad: peones somos de la misteriosa partida de ajedrez que juega Dios.
Nos mueve, nos para, nos adelanta y nos arroja después, uno a uno, a la caja de la Nada."

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